La noche que sobreviví a una tormenta en el mar Caribe


Cuando vi al patrón de la lancha santiguándose, comprendí que estábamos en un aprieto. Navegábamos de vuelta a Punta Allen (Yucatán) desde Isla Culebra, a una media hora en lancha. Yo veía a Mariano de frente, exprimiendo los 60 caballos del motor Yamaha, en pie y frente a una lluvia que golpeaba con tremenda fuerza. Arturo, su hermano pequeño, me había invitado a pescar esa noche con ellos. Estaba a mi derecha temblando de frío, agazapado, compartiendo conmigo el inútil impermeable amarillo.  Mariano, con su mano negruzca de pescador, se tapaba un costado de la cara, no sé si por protegerse del agua o para evitar el fogonazo de los rayos que escupían las nubes e impactaban apenas a unos cientos de metros.

Todo había comenzado un día antes a 35 kilómetros, en Tulum. Tomaba una furgoneta 4×4 que llega hasta Punta Allen, un pueblo pesquero de 500 habitantes que se va adaptando a la llegada de turistas que visitan Sian Ka’an, Reserva de la Biosfera reconocida por la Unesco. Había llovido el día anterior y la carretera de tierra aparecía llena de lodo.

Arturo, 18 años, guía de turistas y nacido en la misma Punta Allen, iba en el asiento delantero, después de dejar a su esposa e hijo en Tulum con el dentista. Yo le preguntaba sobre precios y horarios de las visitas. Al llegar al pueblo me buscó un alojamiento económico en las cabañas que alquilaba un chico de Las Vegas.  Compramos la cena y me llevó a casa de su hermano Mariano para cenar con este, su mujer y cuatro chiquillos. Me dijo que el día siguiente podríamos ir a pescar.

Pasé el día en la playa, abriendo cocos (esta vez sí). A la tarde Arturo me comentó que esa noche iban a pasarla pescando en Isla Culebra, una zona preciosa de manglares donde anidan pelícanos y fragatas de extraordinario tamaño. Aunque me iba al día siguiente, era una de esas oportunidades que rara vez se le presentan a un turista, así que acepté.

Anochecía en Isla Culebra mientras trataba de sacar fotos sin mucho éxito, dada la escasez de luz. Vi un rayo a lo lejos y se lo comenté a Mariano, pero no hizo mucho caso. Parecía estar más concentrado en la pesca. Como siempre pasa, la tormenta vino hacia nosotros, y los relámpagos iluminaban cada vez una porción más grande del cielo. “Esto me está dando mala espina”, dijo el patrón. “Podemos seguir la pesca en la Laguna Negra”, cerca del embarcadero. Caían unos rayos inmensos a algunos kilómetros, en mar abierto. Bajaban del cielo como una flecha, como un martillo, blancos implacables y rectos. Y nosotros nos dirigíamos hacia allí.

Mariano me indicó que me pusiera de espaldas al sentido de la marcha, enfundado con el chaleco de marinero. Comenzamos el viaje de vuelta mientras yo miraba de reojo el lugar hacia donde nos dirigíamos. Se empezaron a escuchar los truenos, y una lluvia escandalosamente abundate y recia nos bañó por completo.

Ya cerca de la costa, un rayo de los mencionados cayó demasiado cerca y nos dejó ciegos por dos segundos. Ahí fue cuando Mariano se santiguó. Transmitía seguridad, al menos toda la que se puede en un momento así, postrado como una estatua romana en la popa y sujetando con fuerza el motor. Dos cosas se me pasaron por la cabeza entoces. Una, que podíamos caer fulminados ahí mismo, pues navegar en medio de una tormenta eléctrica es peligrosísimo. La otra, no haber podido sacar una foto a esos rayos monstruosos, enormes como nunca antes había visto.

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10 comentarios to “La noche que sobreviví a una tormenta en el mar Caribe”

  1. Auri Henriquez Says:

    Estoy de acuerdo con ( anónimo) capitulo de perdidos total, joder Carlitos pareces willy fog o Indiana Jones ;oye que me esta encantando leer tus aventuras en tu blog la verdad que parece un tanto subrealista, (una que esta acostumbrada al aburrimiento de la rutina); pues nada que sigas que sigas que esto se va poniendo interesante, cuando termines publicalo en un libro que tiene pinta de best seller, un besazooo y cuidate mucho mi niño……

    • Carlos Says:

      hola mi niña, gracias por equipararme con el dr. Jones, ese héroe de infancia… Creo que algo de eso tenemos, aunque él siempre lo afrontaba todo con un punto de sarcasmo, yo en cambio pasé verdadero miedo!! Lo del libro está hecho, luego se podría celebrar con un asadero en la montaña de Arucas ;)… Espero seguir viéndote por aquí, cada comentario es un apoyo muy grande estando a tantos miles de kilómetros. Un beso!

  2. Mariano Says:

    Asi que Mariano eh? no te dio buen rollo que tuviera mi nombre?
    Me da que me he enganchado al blog ya, estaremos atentos!

  3. Javier Diez Says:

    Vaya historia! Algo parecido me ocurrio por Tailandia; no obstante en mi caso un Mariono no hubiera ido mal en mi caso. El que llevaba mi lancha estaba tiritando..nunca me quedo claro si era el frio (aunq llovia mucho; hacia unos 30 grados) o por el miedo… Desde entonces reviso cada lanchuscra en la que me monto y miro al cielo antes de partir.

    …lo de la cuchara es VERDAD: esta “cientificamente comprobado”

  4. Carlos Says:

    Buf, calla, calla. Qué mal lo pasé. Por cierto, alguien dejó un mensaje como anónimo, ¿quién eres? Identifíquese! 😉

    Ahora estoy en Frontera (Tabasco), en un pueblito por el que cruza un río muy grande y están los humedales más grandes de México.

    En un par de días saldré para el famoso pueblo de San Cristobal de las Casas, en Chiapas.

  5. Celina Says:

    Deduzco que, como has tenido oportunidad de escribir esta entrada, finalmente lograste salir vivo de la tormenta. ¡¡Qué aventuras!! Sigue tu no-rumbo y ve contando más cositas.
    Un beso.

  6. Anónimo Says:

    Joder Carlos!! Mientras leis tu comentario creia estar viendo un capitulo de perdidos!! Suerte con la sig aventura

  7. jorge gonzalez Says:

    robinson!! veo que alguien intenta liquidarte. si ya empiezas con esas discrepancias con la naturaleza no te quiero ni contar cuando entres en tierras mas hostiles. tu si ves la mas minima señal de que alguna causa externa quiere apoderarse de tu alma HUYEEEEEEEEEEEE!! piensa… mariquita el ultimo y pon la quinta, o lanza el botiquin, con un poco de suerte le alcanzas en la cabeza, ademas yo creo que eso tiene gravedad propia y podrias cambiar incluso la meteorologia.
    para esta aventurilla se me olvido decirte que un buen dia jesus calleja me contaba que el mejor pararayos es una cuchara con un trozo de aluminio enroscado en la punta, eso si tienes que orientarlo bien o en caso contrario no serviria de nada, siento no haberte dado esta informacion, estoy seguro que te hubieras sentido mucho mas tranquilo con tu cucharita en mano, sabiendo que con eso, solo con eso, te podrias librar de acabar como un puerco asado XDXDXD
    bueno mucha suerte en tu proximo destino y recuerda la moraleja, no se debe pescar en un sitio al que llamen laguna negra, ni fosa comun ni nada por el estilo

    un abrazoo

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