Tomo partido


Hace tiempo que tenía olvidada la sección reflexiones, que ahora retomo tras algunos reportajes. Lo hago después de una charla con Petul, el teólogo indígena que me sirvió como fuente en la entrada anterior. Hablamos sobre los indígenas, su situación histórica en Chiapas, su cultura, su espiritualidad. Me informó, sin yo preguntarle, sobre alguno de los conflictos internos que enfrentan los campesinos, pero prefirió que eso quedara entre nosotros, off the record, como se dice en el argot períodístico. No todo es color de rosa, a pesar de que el indígena ya ha tomado conciencia de sí mismo o, como dice Petul, “estamos viviendo el despertar de un nuevo amanecer, una nueva etapa de la vida”.

Escucho historias, costumbres, que no dejan en buen lugar la lucha indígena, pero que no voy a compartir para no desacreditar el avance general de este pueblo, porque he tomado partido. Todo lo que escriba sobre ellos no va a ser, por tanto, objetivo, porque tienen toda mi simpatía.

 Tomo partido por personas como Petul, que se esfuerzan por el diálogo intercultural y porque la Iglesia de Roma reconozca algún día el valor de la religión maya. Tomo partido por el obispo Samuel Ruiz, en San Cristóbal, y el arzobispo Óscar Arnulfo Romero, en El Salvador,  porque conscientemente o no practicaron la Teología de la Liberación, contribuyendo no sólo a salvar el alma de sus feligreses, sino también sus vidas.

Tomo partido por todas las generaciones de campesinos que tuvieron que emigrar en Chiapas en busca otras aldeas menos pobladas, porque en las suyas se morían de hambre. Por los que nunca tuvieron tierra y por los que murieron en el intento. 

Tomo partido por los miles de campesinos de Los Altos que el 12 de octubre de 1992 marcharon hasta San Cristóbal de Las Casas, no para tomase una revancha histórica, sino para decirle al mundo que no tenían nada que celebrar. Por los guerrilleros que el 1 de enero de 1994 tomaron esta misma ciudad en la que me encuentro, y que dieron voz y voto a los pisoteados y los oprimidos. Tomo partido por los cinco caracoles o puntos de enlace zapatista: Roberto Barrios, La Realidad, Morelia, La Garrucha y Oventik. Por las decenas de municipios autónomos que cada día nos dicen que sí, que otro mundo es posible. Por las mujeres indígenas que no quieren seguir siendo lo último de lo último de la sociedad ni quieren depender de sus maridos ni quieren ser maltratadas.

Tomo partido por los perdedores de siempre, sabiendo que va en contra de lo que me habían enseñado, que un periodista debe ser independiente y tomar distancia de los hechos. Lo seguiré haciendo, pero no en este tema. Y si vuelve a ocurrir avisaré con tiempo, como ahora. Que nadie pueda decir que hemos perdido la honestidad.

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3 comentarios to “Tomo partido”

  1. josé maría Says:

    ¡Claro que sí! ¿Cómo no tomar partido por los machacados de la tierra? Teniendo corazón no podemos mantenernos “objetivos” , máxime cuando la razón nos dice que sus pretensiones son justas. Creo que es precisamente tu honestidad la que te lleva a tomar partido. Que alegría saber que cuentan contigo. Un abrazo.

  2. Maribel Says:

    Me han gustado mucho tus reflexiones, si no hubieran sido en ese sentido y te hubiera resbalado mucho de lo que ahí estás viviendo, serías un personaje insensible y frio. Tienes todo el derecho del mundo a tener tu opinión y a contar lo que estás palpando,pienso que nadie o casi nadie es completamente imparcial, recuerdo una estrofa de una canción:”sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente..” bien,pues yo deseo que a mí las injusticias, etc… no me sean indiferentes y me gusta ser así a título personal. Ahora bien, no tengo muy claro que un profesional ya sea periodista,médico-cirujano, psicoanalista… deba mantener una cierta distancia para poder hacer un trabajo lo más riguroso posible, siempre desde luego con sensibilidad para no convertirnos en robots.Me gusta lo que dices Carlos.

  3. nicolás Says:

    Gabriel Celaya, un poeta guipuzcoano que Leopoldo de Luis incluye en su “Antología de la poesía social española”, escribió unos versos que vienen a cuento (cito de memoria en esta del alba): Porque vivimos a golpes, / porque apenas si nos dejan / decir que somos quien somos, / nuestros cantares no pueden ser/ sin pecado, un adorno: / estamos tocando el fondo.
    Y porque sé lo que quiere decir Celaya, entiendo que por una vez, Carlos, tomes partido y dejes la rigurosa crónica para identificarte con las gentes de la tierra, con quienes nunca la poseyeron por más que era suya, o al menos les pertenecía; entiendo que tomes partido por quienes no son el 12 de octubre, por quienes sienten cómo gravitan sobre ellos las injusticias de los amos, de los dueños; que te identifiques con quienes ponen por delante la salvación de los cuerpos, muy por encima de las almas, las que venden desde los púlpitos, las que no sufren hambre, sed de justicia en la Tierra, que es donde vivimos; entiendo que tomes partido por las mujeres de los campos indígenas, seres humanos abandonados, marginados, explotados y cosificados; entiendo que te identifiques con aquella frase (“Sí, otro mundo es posible”) que las gentes de bien han hecho suya y que decenas de miles de seres humanos quieren sentirla, palparla, identificarse con ella por más que a veces se vuelva inalcanzable, tan lejana que quizás parezca utópica…
    Creando estoy un mundo donde el hombre / goce la libertad que no se cierra, / vea la luz solar sin que se asombre / y halle el amor, sin pronunciar su nombre, / en un lugar cualquiera de la Tierra. (Tu paisano Agustín Millares Sall).
    Y en la Tierra, Carlos, viven ellos, los nuevos seres humanos que estás conociendo, los desconocidos, los que exigen que no nos mantengamos al margen (“Este no es mi pueblo, esta no es mi gente, ellos no son mi raza”) porque todos, desde el Pacífico hasta los Andes, desde las tierras de tu tierra hasta los otros lugares, TODOS, absolutamente todos, tenemos derecho a la vida digna, a la libertad, a la palabra que haga palpitar aún más nuestras diástoles y sístoles, movimientos del corazón que lo mantienen en marcha.

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