Archive for 30 agosto 2010

Pablo Escobar, más vivo que nunca

30/08/2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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“Por cuenta de Pablo Escobar hay hoy carros blindados en Colombia, y las necesidades de seguridad modificaron la arquitectura. Por cuenta de él, se cambió el tiempo de funcionamiento del sistema judicial, se replanteó la política penitenciaria y hasta el diseño de las prisiones, y se transformaron las Fuerzas Armadas. Todo ello fue necesario para enfrentarlo y derrotarlo. (…) ¿Es posible que se repita el fenómeno de Pablo Escobar? Se puede decir que sin duda surgirán otros capos. Pero también se puede decir que no habrá otro como Pablo Escobar.”

Revista Semana, 3 de enero de 1994

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Cartagena de Indias, Colombia, 31 de agosto de 2010.

En Cartagena de Indias, varios vendedores ambulantes ofrecen a los turistas que pasan por la céntrica Torre del Reloj, camisetas con el rostro de Pablo Escobar. Seiscientos kilómetros al sur, en su Medellín natal, varias agencias de viajes ofertan recorridos donde se visita el lugar de su muerte y la tumba del narco. En Bogotá y otras ciudades del país ya se puede encontrar el libro El otro Pablo, escrito por su hermana Alba Marina, que se suma a los otros tantos que ya ciculaban. Si buscamos “Pablo Escobar” en Google, aparecen 882.000 resultados, y por lo menos hasta la página 50 hacen referencia a su persona. El pasado año, el documental Los pecados de mi padre mostró cómo el hijo de Escobar pedía perdón a hijos de víctimas de su padre. Estas son algunas muestras del negocio que se mueve en torno al narcotraficante más importante y célebre de todos los tiempos, 17 años después de su muerte.

Nacido en 1949 en Rionegro, un pueblo al este de Medellín, fue jefe del cartel de la droga de esa ciudad y de todo el narcotráfico en Colombia. Estuvo en la lista de personas más ricas del planeta y ordenó asesinar a todo el que se le ponía por delante. Eso incluyó candidatos presidenciales, llegando a explosionar para ello un avión en pleno vuelo con 107 personas a bordo. Sus aspiraciones parecían no tener mesura, y le faltó poco para ser diputado nacional. A pesar de todo, mantuvo -y mantiene- intacta su popularidad en Medellín, sobre todo entre las clases bajas, pues construyó viviendas y recintos deportivos para ellas. Se ganó los sobrenombres de El Patrón y El Zar de la cocaína.

Pasados los duros años del narcoterrorismo de los años 80 en Colombia, Pablo Escobar va camino de convertirse en mito. Los intereses comerciales que se mueven en torno a su figura no han descendido con el paso del tiempo: a medida que se aleja la memoria de la sangre, tanto más fácil parece convertirse en carne de márketing. El recuerdo que suscita entre las nuevas generaciones es una mezcla de rechazo y admiración, al menos así se deduce de las opiniones que he escuchado. La pregunta era siempre la misma: ¿Qué te dice el nombre de Pablo Escobar?

Una de las consultadas es Patricia Reyes, comunicadora social de Barranquilla, en la costa norte de Colombia. “Es una de las personas más inteligentes que ha dado la humanidad”, asegura. “Es un símbolo de Colombia, a pesar de todo lo que hizo. Por eso Pablo Escobar nunca morirá”, afirma.

Natalia Perea estudia Derecho en Cartagena, y ha pasado varios veranos en Medellín, donde creció, vivió y murió Escobar. “Lo malo es que hacía cosas malas, lo bueno es que ayudó a mucha gente. En la comuna de Medellín se  construyeron muchas casas gracias a él, por ejemplo. Si uno va por allí, mucha gente va a hablar bien”, comenta la estudiante.

Los carteles colombianos de la droga de los años 80 han sido calificados de mafia, es decir, una organización criminal que solo se entiende y cobra fuerza en su contexto social. Lo mismo que la Camorra, la ´Ndrangeta y la Cosa Nostra italianas. Por eso para Dina Candela, siciliana afinada en Colombia, es fácil establecer una analogía entre Pablo Escobar y los capos de su isla. “Pasa igual que con la imagen del boss mafioso. En Sicilia se le trata no con temor, sino como alguien que merece respeto porque se considera que lo que hace, está bien”, asegura. “Da trabajo a la comunidad, por eso cuando comete delitos, la gente se lo agradece con la omertá: no sé, no vi, no escuché”, explica la italiana.

Jefry Viloria, joven natural de Cartagena y reggetonero confeso, lo resume: “Ese man era duro”. Considera que hay mucha gente en Colombia que “idolatra” a Escobar. “Era malo, pero de pronto hizo mucho por Medellín, por eso lo tienen como modelo. También porque era berraco (valiente)”.

La historia del narco más importante de la historia es larga y rocambolesca, incluyendo la fuga de una cárcel de lujo diseñada por él mismo, y lo fue hasta su muerte. Como predijo la revista Semana, surgieron otros capos, pero ya no habría otro como Pablo Escobar. Murió en Medellín el 2 de diciembre de 1993 acribillado por las balas de la policía en el tejado de su casa (en la imagen, visto por el artista Fernando Botero), tratando de escapar del cerco de miles de agentes que tenían como objetivo único su captura. El cadáver fue exhibido como un trofeo de guerra. Como suele suceder en estos casos, murió el hombre y nació la leyenda. Los que saben de negocios hicieron el resto.

Cartagena de Indias se olvida de ‘Gabo’

17/08/2010

Foto de Daniel Mordzinski para El País.

Cartagena de Indias, Colombia, 17 de agosto de 2010.

Solo hacía unas semanas que había terminado de leer El amor en los tiempos del cólera, la novela de Gabriel García Márquez, así que nada más llegar a esta ciudad fui a la búsqueda de los personajes que me habían acompañado estos últimos meses: Florentino Ariza, Fermina Daza y el doctor Juvenal Urbino entre otros.

Busqué la Cartagena que se describe en el libro, me senté a esperar en un escalón del parquecito de los Evangelios, por si de casualidad pasaban por ahí. Crucé la Calle de las Ventanas y anduve bajo el Portal de los Escribanos. Fui a desembocar en la plaza del Libertador, frente a la Catedral. Ya sin aliento fui a refrescarme en la bahía de las Ánimas, con mi cabeza confundida por el calor sofocante del Caribe.

Pasaron los días y no daba con ellos, pero estaba seguro al menos de que el Nobel de Literatura contaría con una calle en su honor, si no con un pedestal en plena Ciudad Amurallada que sostuviera una inmensa estatua de bronce como tributo a uno de los más grandes escritores en lengua española de todos los tiempos. De nuevo, la decepción. Me encontré que no había alusión alguna. Nada.

Me acordé de mi amigo Nacho, el bonaerense que conocí en la frontera de México con Guatemala que conservaba intacta su capacidad de asombro ante el mundo y solía decir, juntando los dedos hacia arriba y moviéndolos adelante y atrás, con marcado acento porteño, “¡Es una cosa de looocos!”.

La explicación llega al fin cuando empiezan las preguntas. Ellos, los cartageneros, ponen caras extrañas, se encogen de hombros, no responden, y entonces se entiende todo. Sencillamente no es un tema de debate en esta ciudad, la misma a la que ‘Gabo’ situó, a través de su realismo mágico, en la imaginación colectiva del mundo.

La importancia que el Caribe y Cartagena tienen para el escritor colombiano no es algo que yo me invente. Cuando García Márquez fue reconocido con el Nobel, puso como condición para recogerlo que le dejaran vestir guayabera, la camisa tradicional de aquí. Más recientemente, la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano decidió que, al tener como presidente honorífico al propio ‘Gabo’, debía tener su sede en Cartagena de Indias.

Muchas cosas han cambiado en los últimos años en la Ciudad Amurallada, la zona más visitada de la ciudad y donde se desarrollan las historias del escritor colombiano. Algunas de ellas son el aumento de la seguridad al tiempo que un incremento exorbitado del precio del metro cuadrado. Lo que no ha cambiado es el olvido, voluntario o no, de una figura innegable como García Márquez.

Una de las explicaciones me la dio Jorge Quintero, que trabaja aquí para el periódico El Tiempo, de Bogotá. “García Márquez no ha sido nunca una figura popular en Cartagena. Aparte de tener un carácter muy fuerte, ha hecho cosas que no han sido bien vistas. Por ejemplo, en su pueblo natal de Aracataca derruyó la casa familiar, la casa de toda la vida, para construirse una mansión nueva”.

Ankar Brito es de Barranquilla, y me dice que éste es un caso especial de Cartagena, porque en Barranquilla sí se valora al Nobel colombiano. “En Barranquilla la gente lee más, tiene una formación mayor, se puede decir. La mayoría ha leído a García Márquez y la gente le admira. De hecho en el Museo del Caribe de allá, la sala de García Márquez es la más visitada”.

Tampoco sería justo decir que toda Cartagena ignora al escritor. Algunos como el escritor local John Jairo Junieles, que ha colaborado en alguna ocasión con el Ayuntamiento, cuenta que propuso un recorrido por la Ciudad Amurallada bajo el nombre de “La Cartagena de García Márquez”. Y cuenta que tomaron nota de la idea, el problema es que jamás la pusieron en práctica.

Panamá, la ciudad de las dos almas (II)

10/08/2010

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“Cuando, después de cien siglos, la posteridad busque el origen de nuestro derecho público, y recuerden los pactos que consolidaron su destino, registrarán con respeto los protocolos del Istmo. En él, encontrarán el plan de las primeras alianzas, que trazará la marcha de nuestras relaciones con el universo. ¿Qué será entonces el Istmo de Corinto comparado con el de Panamá?”

Simón Bolívar (imagen desconocida)

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Cartagena de Indias, 10 de agosto de 2010

En diciembre de 1989, el presidente de EEUU, George W. Bush (padre), movilizó a más de 20.000 hombres para llevar a cabo la invasión de Panamá. El objetivo era capturar al dictador y antiguo colaborador de la CIA Eduardo Noriega, acusado de tráfico de drogas, y “garantizar la seguridad de los ciudadanos estadounidenses”, tras varios ataques a intereses norteamericanos en la región y el asesinato de uno de sus soldados. La ‘Operación Causa Justa’ fue condenada por la Asamblea General de la ONU y la Organización de Estados Americanos. No hubo cifra oficial de muertos, pero se habló de  miles de civiles. Noriega fue capturado y extraditado, y en 1990 se restituyó la Constitución panameña. La presencia militar extranjera concluyó con la entrega del Canal, en diciembre de 1999.

Once años después aún se percibe la magnitud del desastre en el barrio de El Chorrillo, una de las zonas marginales de la capital. Allí estaba el cuartel general de Noriega, objetivo de bombardeos aéreos que causaron grandes incendios y la destrucción de numerosas viviendas. Lo curioso de El Chorrillo es que no está en la periferia de la ciudad, sino junto al casco antiguo, sede de la mayoría de edificios del Gobierno.

Panamá es una ciudad de fuertes contrastes. El más evidente de todos es el de las enormes torres conviviendo en pocas manzanas con amplias bolsas de pobreza, como El Chorrillo y Curundú. Pero hay un hecho en particular que desvela las dos almas de la ciudad, y vive al costado del lujo deslumbrante de los rascacielos.

Panamá fue elegida en 1824 por Simón Bolívar, entonces presidente de la Gran Colombia, para albergar una reunión que fundaría las bases de una gran federación de países -políticamente rivales de EEUU-, lo se ha conocido como ‘panamericanismo’. Pero Panamá es el reverso de la moneda de lo que soñó Bolívar: hoy es la ciudad de la banca, el paraíso fiscal, la expresión máxima del liberalismo financiero.

Cada año, instituciones como el instituto KOF de Suiza y revistas de actualidad como Foreign Policy publican la lista de países más globalizados del mundo. Panamá siempre figura en el primer puesto de Latinoamérica, en un ránking mundial encabezado por Singapur, otro paraíso fiscal. Uno de los motivos es la dolarización de la economía, motivo por el cual Panamá no cuenta con un banco central. Sí con una Superintendencia de Bancos, que regula la actividad financiera.

“El pasado bolivariano no representa nada para los panameños”, asegura Ismael Gerli, abogado tributario y marítimo. “Solo un minúsculo grupo podemos acordarnos de que aquí se llevó a cabo el famoso congreso anfitriónico. El panameño no es nacionalista, las encuestas lo dicen”, afirma desde su despacho en la impresionante torre del Global Bank.

Si la Panamá de Bolívar fue escenario de esa reunión que aún hoy se evoca en la Sociedad Bolivariana de este país, la actual aparece tomada por bancos y rascacielos. No en un barrio, al estilo del neoyorquino de Manhattan, sino en toda la urbe.

“No hay duda de que los bancos panameños crean empleo y atren inversión”, opina Luis Quintero, que procede del sector bancario y ahora regenta Panama by Luis, un hospedaje para mochileros en el tranquilo barrio Coco del Mar de la capital. “Es verdad que la falta de regulación se presta al lavado de dinero, pero en general es positiva para el país”, comenta. Es la opinión generalizada de los panameños, a pesar de las lecciones que se  obtuvieron de la crisis económica sobre los paraísos fiscales.

Curiosamente, en una reunión creciente en Centroamérica, el Fondo Monetario Internacional no planteó el aumento de la transparencia y la seguridad de la actividad bancaria en el Itsmo, sino la creación de un “fondo de liquidez” para bancos en riesgo.

“El sistema financiero aquí es solo para la oligarquía y sus tentáculos” opina Ismael Gerli. “El sistema actual no desaparecerá por lo menos en 20 años. Los gobiernos no son tontos, se mezclan en la retórica de los organismos internacionales, pero al final los convencen de que Panamá no es un paraíso fiscal, sino un sistema bien establecido de servicios financieros, lo cual sí es cierto”, comenta.

Construcción.

A pesar de la cantidad de rascacielos en construcción que aparecen en el skyline de la ciudad, y de que el lado oeste de la ciudad está siendo objeto de un gran desarrollo urbanístico, Ismael considera que todo es diametralmente opuesto a lo que se ve.  “Solo en nuestra oficina tenemos 17 clientes que perdieron sus inversiones en edificios que nunca se han terminado o siquiera iniciado. Hay 20.000 departamentos descocupados, un desempleo rampante y altos índices de criminalidad”.

Uno de los ejemplos más sonados de obras frustradas fue el del Palacio de la Bahía, del empresario español Adolfo Olloqui, que supuestamente iba a ser el edificio más alto de Latinoamérica. Problemas en su materialización y el enfrentamiento entre promotor y arquitecto dejaron el proyecto suspendido.

Aunque no se refiere al caso anterior, Luis es tajante y confirma las tesis del abogado. “Muchos proyectos se hacen para lavar dinero, por eso no vive nadie en esos lugares. El boom inmobiliario de los años 80 sirvió a muchos narcotraficantes para el blanqueo de capital, en acuerdo con Noriega. Pero hay un crecimiento indudable en inmobiliarias, marítimo, despachos de abogados, incluso en turismo”.