Voyerismo y periodismo


Hay pocas cosas que llamen tanto la atención en el menudeo cotidiano de los pueblos y aldeas que voy visitando como dos hombres haciendo negocios en la puerta de una casa. Me doy cuenta del morbo que esa escena produce, puedo sentir decenas de ojos dirigiéndose sin tregua hacia el punto focal de los billetes hasta que, tras cambiar de manos, desaparecen irremisiblemente en el bolsillo de algún pantalón: una escena sin ningún interés.

La esencia del voyerismo es ver sin ser visto, y de alguna manera a todos nos gusta. Pero mientras los europeos practicamos el voyerismo individual -observo a alguien que me llama la atención sólo a mí- aquí se practica el voyerismo en masa: decenas de cuellos se orientan al unísono hacia un punto común. Si uno consigue no ser partícipe de este gesto inconsciente, se observa que 9 de cada 10 pasajeros de la guagua se pasan el tiempo fijándose exactamente en lo mismo.

Yo mismo he sido protagonista de este comportamiento en decenas de ocasiones, cuando sin pretenderlo llamo la atención por culpa de la enorme mochila que cargo, por el color de mi piel, mi mal humor o mi aspecto desamparado. No es una sola mirada, no. Parecen cientos de ellas, todas clavándose en mí. Resulta intimidatorio hasta que se acaba aceptando por la fuerza de la costumbre.

El periodismo también tiene algo de voyeur. Me atrevo a decir que no sería lo que es, de no ser por esa capacidad de mirar sin ser visto, o al menos pasar desapercibido. En periodismo también se practica el vouyerismo en masa: los medios se ocupan masivamente de un tema, y cuando el tema se agota, pasan a ocuparse masivamente de otro asunto. Le llaman la agenda de los medios. Algunos consiguen esquivar parcialmente esta agenda, construyendo la suya propia. Normalmente son los mejores.

Lamentablemente, en periodismo no contamos con el eficaz mecanismo de los cuellos giratorios para saber qué es lo que interesa al público. Hay muchas teorías al respecto pero, a decir verdad, tampoco pensamos que eso importe demasiado. Las cartas al director y los comentarios en la web nos han bastado hasta ahora para tener la conciencia tranquila. Hay excepciones interesantes, como la defensora del lector de El País, Milagros Pérez Oliva.

Un profesor de la facultad solía decir que uno de los dilemas que afronta el periodismo es hacer interesante lo que es importante. Y que si no es así, en todo caso será culpa nuestra. Podría decirse entonces que el periodismo es el arte de mostrar de manera atractiva los asuntos más plomizos. Una manera es buscar un buen titular, seguido de un primer párrafo (lead, en inglés) que no quiten las ganas de seguir leyendo. Está demostrado que un internauta emplea menos tiempo en leer noticias que un lector de periódicos. Así que esto es fundamental.

El británico John Carlin es un ferviente defensor de esta técnica, como dejó claro en la conferencia inaugural del máster de El País del pasado año. Aunque la entradilla más memorable que he leído se la reconozco a Francisco Perejil, con motivo del entierro de un viejo dirigente del IRA en Irlanda del Norte. Para lograr esa pequeña joya, con toda seguridad, el autor tuvo que mezclarse con familiares y amigos del fallecido, abajo en la calle, escuchando y viendo sin ser visto. No como yo ahora, que escribo esta reflexión sentado y con aire acondicionado.

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3 comentarios to “Voyerismo y periodismo”

  1. Alejandro Says:

    El periodismo no existiría sin el voyeurismo. Claro está que no hay recreación sino sensación de contar o denunciar lo que el ojo ve. O bueno quizás a veces haya recreación 😉

    Un abrazo!!

  2. Mariano Says:

    Supongo que yo soy como otro “voyeur” que lee lo que tus ojos y demás sentidos registran; asi que soy otra parte mas de la cadena.
    Un saludete!

  3. Belma (petite voyeuse) Says:

    Si Vdes.los periodistas no tuvieran algo de voyeur,seguramente las cosas nos las contarían incompletas. Si vamos sin prisa y nos dedicamos a curiosear y observar lo que nos rodea podemos aprender muchísimo, desde luego sin caer en la indiscreción. A veces viene bien ser espectador sin formar parte del espectáculo. Carlos me ha gustado mucho cómo has hablado del tema pero tienes razón, cuando nosotros somos el objeto observado puede resultar algo incómodo. Pocos en este país usan la palabra “voyeur” (casi nunca voyeuse, como fem.) como tú lo has hecho, casi siempre lo hacen en un contexto como poco, algo equívoco, Algunos autores franceses, como Valéry, han usado este término con la mayor naturalidad y sin darle ninguna connotación “extraña”. SIGA VD.ESCRIBIENDO ASÍ

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